Siempre me he considerado una persona que encuentra felicidad y admiración en las cosas pequeñas, en especial cuando se trata de la naturaleza... cosas como los amaneceres, la lluvia, el olor de cierta flor, el sonido de cierto insecto me pueden hacer la mujer más feliz del mundo. Todos ellos nos recuerdan que somos parte de algo mucho más grande de lo que creemos... somos parte de una creación que está diseñada para funcionar de manera perfecta si la dejamos. Pero nada, nada en el mundo se puede comparar al milagro de la vida. Nunca lo había visto así la verdad, pero Gonzalo me ayudó a entender eso, con los pocos minutos que tuve el privilegio de verlo.
Cuando pasaron a ese bebé de cirugía (donde le hicieron cesárea a Kathy), hacia maternidad y lo pude ver en su cunita, no pude evitar llorar (mi hermana Da, me pegaba y me decía "ay ya, contrólese, o le pego un manazo"... al final me terminó pegando un manazo... jajaja), pero es que hay algo increíblemente impactante en ver a una personita que está viendo el mundo por primera vez, respirando nuestro aire por primera vez... En ese momento todos somos perfectos, y comprendemos mucho más del mundo de lo que creemos, porque lo vemos con los ojos más puros, con los ojos del alma.
Conocer a Chalo me hizo pensar muchas cosas, principalmente como nunca podemos olvidar seguir viendo el mundo con esos ojos, y también me recordó lo mucho que tenemos que cuidar este lugar y tratar de hacerlo un mejor lugar para los que vienen para arriba como él.
Aquí están algunas fotos del día del nacimiento del hombre más guapo del mundo, mi sobrino precioso, Chalo.










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