Debido a mi próximo paseito al Chirripó estoy intentando caminar como por todo lado, porque no deseo morir en el intento de subir a la cima. Y no es solo no morir, además quiero tener la condición física adecuada como para disfrutar del paseo y ver el paisaje, en lugar de estar pensando: en qué !@#$%% momento se me ocurrio hacer esto???... Hoy, intentando decidir cual sería el mejor lugar cercano para empezar a amoldar mi zapatitos de hiking (ay, pero que sofisticada que soy), me vino a la mente el Parque de la Paz. El terreno no es para nada retador (aunque después de la primera hora, ya el bulto con todos mis chunches pesa un poquito, por más fácil que sea la topografía), y aunque obviamente no es ni parecido a mi próximo cerro, era un lugar seguro alrededor del cual podía caminar tranquila por un rato.
Poco sabía yo que este parque es de hecho un paraíso para más de una persona. Entre los corredores matutinos que sudan sus tensiones alrededor de las canchas, las personas que simplemente se escapan de la oficina (con todo y corbata), y los chicos del cole que también deciden darse un break (con todo y uniforme), se puede ver a más de uno nada más disfrutando de la brisa, leyendo un libro, o de simplemente alejándose de todo el caos que está a solo unos metros de ellos. No se que haríamos sin estos oasis en medio de nuestros desiertos de concreto.
Caminé como 1 hora y media alrededor del parque y de sus lagos, y luego subí la colina pequeñita y me senté a refrescarme un rato y a re leer uno de los mejores libros que he leído: El Principito... para los que piensen que ese es un libro para niños, les recomiendo que lo desempolven de la biblioteca (o de donde sea que tiren los libros viejos en su casa) y saquen el rato para ver la sabiduría de sus páginas... se puede aprender mucho mucho... Aquí les dejo unas poquitas fotos que tomé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario