Páginas

domingo, 14 de junio de 2009

Un homenaje a "Nana"


La vida es corta, casi como un relámpago... No siempre parece así, pues hay momentos en que el tiempo se prolonga (usualmente cuando esperamos algo o estamos tristes) y hay momentos en que el tiempo vuela (cuando la estamos pasando bien), pero a final de cuentas, un día cuando nos detenemos solo podemos preguntarnos adonde se ha ido todo ese tiempo y como hemos aprovechado esos días que nos han simplemente regalado.
Mi abuelita por parte de mi papá se llama Argentina, pero siempre por algún motivo le hemos dicho "Nana" (mucho más corto, por supuesto). No puedo decir que en la vida tuvimos la mejor relación, ni la más unida, ni la más fuerte, pero los recuerdos que tengo no tienen precio...
Nana vivía en un gran terreno en Santa Ana, lleno de diferentes árboles y con una casa que a mis ojos de chiquita era gigante (quien sabe cual habrá sido el verdadero tamaño, pues la demolieron para construir lo que hoy se conoce como el "World Gym"), y la íbamos a visitar prácticamente todos los fines de semana. Su "cuchara" era increíble: cocinaba delicioso... No eran cosas complicadas, eran cosas simples como cubaces y garbanzos con arroz pero sabían a gloria; y los platanitos maduros fritos con azúcar encima... no hay palabras.
El terreno tenía una piscina grande, a la par de la cual yo primero empecé gateando, luego caminando y luego corriendo, hasta el punto que ya era lo suficientemente grande para nadar en la famosa "piscina honda"



Con el tiempo, supongo que se fue haciendo muy complicado para Nana mantener la piscina llena y limpia todo el tiempo, entonces hubo veces en que bajabamos por las escaleras a la piscina vacía a cantar o a contar cuentos. Alrededor de la piscina siempre habían muchísimas libélulas (yo les tenía terror), pero ella inventó el método perfecto para espantarlas: una pistola imaginaria... cuando ella les disparaba a las libélulas con la "pistola", yo me sentía completamente segura.
Otro protagonista de la historia era "Moro", un pastor alemán que mi abuelita tuvo durante años y al cual mi hermana le tenía montones de miedo. No recuerdo el momento exacto en el que Moro murió, pero si recuerdo que a partir de cierto momento el no nos acompañaba en nuestras expediciones por el "bosque"... Eso es otro asunto... para nosotros el terreno de Nana era un bosque que había que explorar; me fascinaba subirme en los árboles de cas (pequeños y grandes y colgaba de las ramas como un monillo cada vez que iba... aquí estoy con mi prima Marce, cuando las dos estábamos super pequeñas)



Nana nos enseño muchas canciones, incluyendo algunas de "Pánfilo y Párvula", dos personajes muy vacilones y siempre nos contaba cuentos inventados. Fue la paleta de maquillaje de mi imaginación y dejaba que yo agarrara sus sombras y pinturas de labios, e hiciera mis "obras de arte" en su cara (apuesto a que duraba mil años lavándosela después).
Hace ya varios años, la finca de Santa Ana se le hizo grande y se pasó a un apartamento en Moravia, muy cerca de nosotros, adonde aún la íbamos a visitar para comer su pozol y frijoles blancos... yummy. En ese apartamento tengo también muy buenos recuerdos: Nana era una fanática de los concursos de belleza (igual q su nieta) y cada vez que había un Miss Costa Rica o un Miss Universo o un Miss lo que fuera, yo iba a su apartamento, y hacíamos "macarrones a la Gloriana" (spaguetti con mantequilla, ajo y salsa china, aparentemente un platillo muy gourmet en aquellos tiempos, que todavía por cierto me encanta) y escogíamos una favorita y las calificábamos en todo: traje de baño, vestido de noche, la forma de hablar... Más adelante, cuando yo participé en concursos, siempre pensé que por dentro ella se sentiría orgullosa de mí, aunque nunca se lo pregunté...
Después de eso nuestra relación se fue enfriando poco a poco. Crecer tiene sus ventajas y desventajas, pero una de las características más curiosas de cuando uno pasa cierta edad es que se vuelve muy "juicioso", en el sentido que uno siente que ya tiene suficiente criterio para criticar a la gente y ver sus defectos. A mis ojos de chiquita, Nana era una mujer linda, que cocinaba increíble y que contaba los mejores cuentos mientras que exploraba terrenos desconocidos del bosque... A mis ojos de grande era una mujer con defectos, muchos de los cuales me molestaron más de lo que debieron.
Hoy en la mañana la pasaron al hospital de nuevo, después de haber pasado unos días bastante delicada en la casa, y está ahorita en un estado de "pre-coma". Los doctores no son muy optimistas en cuanto a sus posibilidades de supervivencia. Si hay algo que he aprendido en lo poquito que tengo de vida es que la vida es lo más random (al azar) del mundo, muchas veces, las cosas de las que uno está más seguro son las que más lo sorprenden, sin embargo, su estado de salud y edad indican hacia una dirección...
Por eso, hoy saqué un tiempo de mi domingo para escribir esto, un homenaje en vida a mi abuelita Nana, con la cual viví tantísimos momentos bonitos, puede que ella nunca lo llegue a ver, a como puede que sí, pero lo hago para que todos aquellos que me conocen puedan vivir y compartir esto conmigo... Aquí les dejo un par más de fotos de nosotros 2 :)


No hay comentarios:

Publicar un comentario